La albanesa que un serbio compró como esposa

Vestido de novia en un escaparate de Mitrovica (Kosovo).
Escaparate de Mitrovica (Kosovo).

              Vetone llevaba casada menos de un mes. “Había tenido suerte”, me dijo, “porque en la fila de mujeres dispuestas a desposarse con el serbio desgarbado que estaba a su derecha, había verdaderas bellezas”. Marko escogió a la que le pareció sería una esposa más convencional. Le iba a costar más de 3.000 euros y el chico que había organizado el trato le tenía preparado un curioso pase de modelos. Pero él no se dejó hechizar. Seleccionó a la que podría haber sido la vecina de dos calles más arriba. Si no fuera porque en su pueblo, cercano a la multiétnica Mitrovica (actual Kosovo), ya no quedaban más que hombres. “A las mujeres ya no les gusta el campo. Se van a la ciudad, a ver si pescan alguno de esos cooperantes extranjeros que trabajan en algún organismo internacional”.

                En las poco más de tres semanas que llevaban juntos no habían podido hablar mucho porque no entendían la lengua del otro. Ambos miraban al chico que me acompañaba para el reportaje –que hablaba serbio como lengua materna y dominaba bastante bien el albanés- como si fuera una moderna piedra Roseta. Gracias a él, Marko se enteró con detalle de cómo había sido la vida de Vetone durante sus 40 años ya rebasados. Cómo había cosido más de quinientas zapatillas deportivas diarias en su pueblo natal albanés. Cómo había empezado a soñar con el modo de salir de aquella hilera de casas anodinas habitadas por mujeres de manos enrojecidas y ojos miopes de tanto coser. Cómo para ella estar en un hogar sencillo y poder llamarlo suyo compensaba de largo el tener que compartir colchón con un hombre que podía haber sido cualquier otro de los muchos que van a Albania a buscar pareja.

                Y Vetone descubrió que Marko daba por bien empleados los ahorros de casi una década porque había descubierto lo que era comer otra vez un plato caliente, que alguien le censurara que tomara tanta rakia, tener una mujer en casa que no fuera su anciana madre. A él no le importaba que Vetone fuera albanesa porque era cristiana ortodoxa de religión. Esa había sido su única condición cuando le propusieron, como a muchos otros serbios solos, el trato. Cuando volvió de Albania con la novia, cubierta de oro como manda la tradición, su madre le soltó una bofetada. “¿No la había más vieja? ¿Cómo harás para tener hijos?”, le preguntó. Él, tan tonto, no había pensado en aquello, pero improvisó con soltura: “Dándome prisa”.

                    Cuándo me fui me dijeron dos cosas: que no querían ver sus fotos, ni su nombre real, ni el de su pueblo en ningún periódico, y que volviera cuando quisiera a por más rakia. Y yo me fui con dos botellas de agua mineral llenas de licor casero y todavía sin tener muy claro si lo que había visto era una aberración o una forma, como cualquier otra, de buscar desesperadamente la felicidad. MIRIAM MÁRQUEZ

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11 comentarios

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11 Respuestas a “La albanesa que un serbio compró como esposa

  1. Noemi

    Miri, como siempre, es un gustazo leerte… Espero que sigas disfrutando tanto y encontrándo tanto bueno y malo
    Un besazo

  2. maribelia

    Este lo voy a contar…

  3. miriammarias

    Noemi,
    Un gustazo es la gente como tú.
    Maribelia,
    ¡Gracias por asomarte a curiosear, mons!

  4. Esther

    Qué gran historia y sobre todo, qué bien escribes, jodía. Enhorabuena, Miriam!!
    Me alegra descubrir esta otra página tuya.

    Un besazo.

    E.V.

  5. Un placer descubrir este blog de buenas y nuevas historias, bien narradas. Un abrazo

  6. Bonita historia y muy bien narrada.
    No se trata de una aberración o una búsqueda de la felicidad, ni siquiera se trata del matrimonio como contrato, sino más bien se trata del matrimonio (o pareja) como relación simbiótica.

    Un saludo

    • miriammarias

      Un saludo para ti. Bienvenido a estas páginas. En efecto, dos personas que se ponen de acuerdo para beneficio mutuo. Me quedó la sensación de que de ahí surgiría un cariño sincero, pero nunca lo supe. Gracias por tu visita.

  7. otroviajeapalestina

    Muy buena historia, muy buena. Mucha realidad, confusa, abigarrada, fuera de sitio o en su sitio, ¿cómo la vida o las vidas que hay por hay fuera?

    Besos

    David P.

  8. miriammarias

    Hola David P.,
    Ganas tengo de descubrir la realidad confusa y abigarrada de Palestina contada por ti. Besos y gracias por pasarte por aquí.

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