La actriz porno que odiaba la Torre Eiffel

mujer fumando 3                          En realidad no se llamaba Eva, sino Anita. “Un nombre terrible en su profesión”, me dijo, “porque evocaba en muchos hombres una hermana, una abuela, un novia de la adolescencia que les dio calabazas”.  Yo no estaba muy de acuerdo, pero cerré el pico. En parte porque qué sabía yo lo que pensaban los hombres polacos, y en parte porque una mujer que en cinco minutos te cuenta que es actriz porno y te invita a un cigarrillo, merece ser escuchada.

                       Tenía la piel transparente. Los labios y las uñas sin pintar. Llevaba una diadema azul y el cuello de la camisa blanca bien planchado. Su escote era el más tímido del vagón que avanzaba camino de Varsovia. Su ropa olía a suavizante. Y a pesar de la paz que exhalaba su atuendo, su cara estaba crispada. Había llorado. Sacó un paquete de cigarrillos de un monedero a lunares. Me hizo un gesto de convite, y salí con ella al pasillo.

                        Me contó que había viajado a Lodz para ver a su madre. Ella llevaba quince años viviendo en Francia, pero regresaba a Polonia para ver a su hija. Entonces Anita abandonaba sus tacones, la raya negra de sus párpados, el móvil con cámara, la i-pod, su vida de los últimos cinco años en la capital. Volvía a Lodz, su ciudad natal, fingiendo ser una secretaria con suelas de goma, una chica para todo con un sueldo bizco, como los demás. Pasaba menos de una semana con su madre, luchando ambas por encontrar algo que contarse. De regreso a Varsovia, traía el dinero que ella había ahorrado para que estudiara por las noches metido en un monedero muy viejo con una Torre Eiffel dibujada. Al principio se sintió mal dilapidándolo. Después, ya ganándose la vida como actriz porno, empezó a invadirla algo similar a la vergüenza al imaginarse a su madre trabajando tanto por semejante miseria. Veía acercarse en el tren las luces de la capital con los euros entre los dedos y le envolvían las ansias de revancha.

                                Aquella vez, volvía sin Torre Eiffel, sin el rulo de billetes.  Su madre, me contó, se había enterado de que Anita era Eva.

                                La última media hora de viaje, la chica estuvo un poco taciturna. Pocas ganas le habían quedado, después de desahogarse, de mirar hacia mi asiento. Sólo la vi, antes de escapar del vagón, dirigirme un guiño desenfadado. Se había quitado la diadema y se notaba en su cara la ansiedad por diluirse en la noche de Varsovia. Tenía una mirada encendida. Me pregunté cuánto tiempo tardaría en evaporarse el olor a suavizante barato.                 MIRIAM MÁRQUEZ

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8 comentarios

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8 Respuestas a “La actriz porno que odiaba la Torre Eiffel

  1. En la lucha por la vida, ningún camino es fácil. Cada uno escoge el suyo y algunos, pueden creer que siguen un atajo, pero los atajos en la vida no existen y en el balance final tal vez resulte que no vale la pena atajar o simplemente asumir que el precio del atajo es la soledad.

    Salud y Amistad

  2. otroviajeapalestina

    A fuerza de oír, ver y leer se nos olvida que muchas veces lo más importante es lo que no se dice, lo que se guarda. Eso que se desearía poder gritar o susurrar, pero tranquilos y seguros.

  3. Celia30

    Siempre se ha dicho que cuando alguien te cuenta una confidencia, se arrepiente inmediatamente después. Pobre Anita, evitando mirarte luego de frente.

  4. miriammarias

    Chouan,
    quizás la soledad es el precio más alto.
    David,
    Sí, saber escuchar los silencios es lo más difícil para todo periodista y persona, al fin y al cabo.
    Celia,
    Creo que la próxima vez que tenga que hacer una confidencia dolorosa, lo haré en un tren. Es como quitarse un fardo y tirarlo al mar.
    Saludos a los tres.

  5. Muy buena narrativa, como siempre, qué deleite… hasta parece un cuadro cinematográfico cof cof, perdón, su cigarrillo me hizo toser, qué bárbara!!
    felicidades

  6. miriammarias

    Ja, ja, ja…. Ay, Isela, cuánta compañía me haces en mis blogs. Qué bueno tener escritoras como tú siempre cerca. Besos.

  7. No sé los motivos que llevaron a Anita al mundo del porno, pero sé los motivos que llevaban a su madre a conseguir dinero para su hija… y seguro que uno de ellos era que tuviese una oportunidad en la vida.
    Es muy difícil engañar a una madre, aunque cambies de ropa, te quites el maquillaje y te pongas la máscara de “secretaria”, seguro que su madre lo sabía hace tiempo pero quería seguir confiando en su hija.
    El monedero representaba la confianza en su hija y esa tarde, la perdió.

    Un saludo

  8. miriammarias

    Creo que es muy triste que algunas personas se vayan a otros países para luchar por sus familias y luego descubren, al regresar, que la distancia se ha llevado gran parte de la confianza que tenían con los suyos. Se quedan con la lucha y se pierden el cariño. Gracias por tu visita, Javier.

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