El periodista kosovar que vendía exclusivas a precios de calderilla

                       Empezó como traductor de albanés y de serbio. Hasta que un día, viendo tan perdido en Pristina a un flamante reportero estadounidense de un gran medio de comunicación, se ofreció para echarle una mano en la producción. Sólo horas después entregó al plumilla anglosajón un folio con direcciones y teléfonos. Por supuesto, tuvo que traducirle algunas siglas y situarle en el mapa cada uno de los lugares mencionados. Después, le hizo las llamadas, le concertó las citas, le transcribió las entrevistas, le sugirió nuevos enfoques y le subrayó con un lápiz rojo las mejores declaraciones. Esas mismas que después fueron escritas en caja alta en la sección “Mundo” de aquel prestigioso periódico de ultramar.

                   periodista nicolas vial  Como le pagaron en tres días, lo mismo que gana trabajando un mes en su gaceta, el periodista kosovar se ofreció para nuevos encargos en el futuro. “La guerra”, decía, “también puede ser una materia prima en una tierra que no parece tener mejores frutos”. Desde entonces, era frecuente verle salir corriendo de su mesa de redacción para recibir a un grupo de reporteros extranjeros vestidos como para ir de safari. Rápidamente, como si se tratara de una escuela de idiomas, les ponía una nota. Algunas preguntas sobre el desarrollo de la guerra, los cargos políticos y la actualidad del conflicto, servían para su diagnóstico inicial. A veces bastaba sólo verles cómo se ataban los cordones de sus botas Pánama Jack.

                        Pasaron dos, tres años, y las crónicas del periodista kosovar ganaban en aplomo, en profundidad, en ironía. Grandes artículos propios que pasaban desapercibidos entre un pueblo bastante pobre, bastante cansado de la guerra y que para ver muestras de la corrupción imperante sólo tiene que echar un vistazo a su alrededor. Su sueldo no aumentó una pizca, por lo que los periodistas extranjeros seguían siendo bienvenidos. Siempre que iba a su primera entrevista con uno de ellos hablaba de los artículos que había publicado –sin que su nombre apareciera en ningún sitio, por supuesto- en las más importantes cabeceras del mundo. Me dijo que no le creían demasiado –”hay tanto fanfarrón suelto en este mundo”- y él no insistía porque no quería dar impresión de colgado. A veces los periodistas escribían directamente lo que él les contaba, lo que él describía. Después de haberle sacado el jugo, los reporteros extranjeros, sin moverse de su silla,  le rebatían sus historias. Como queriendo dejar bien claro que ellos tenían también sus propias ideas. No fuera alguien a confundirse sobre el verdadero autor del texto.

          Me contó todo esto tomando una copa en un bareto medio “cool” de Pristina. “Hay de todo por ahí, pero mi experiencia general es ésta”. Yo le miré con cara de estupor sin poder evitarlo. Pero él se reía con su paquete de tabaco Marlboro y su copa de Martini, ganada con su sudor y buenas ideas. No parecía ultrajado porque nadie supiera de su existencia tras años de cobertura en la sombra.  Él vivía, digno y auténtico, comprendí. Y yo también, como los de las botas Pánama Jack, me sentí enferma de ego.

MIRIAM MÁRQUEZ

 

*Ese gran periodista no puede decir su nombre porque, obviamente, perdería una de sus principales y necesarias fuentes de ingresos.

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7 comentarios

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7 Respuestas a “El periodista kosovar que vendía exclusivas a precios de calderilla

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  2. Muy bueno Miriam… los fixer, esos grandes periodistas

  3. miriammarias

    Sí, grandes, grandísimos… Sin honores por no haber nacido en el lugar indicado…. Gracias por tu visita y enhorabuena por vuestro curro colectivo en http://www.pmasdh.com, que desde aquí recomiendo. Un abrazo.

  4. otroviajeapalestina

    Yo no sé mucho de las labores de producción en un país extranjero, sólo leo con atención. Pero sí sé que es fácil decir que se trabaja en equipo, o que hay ayudas y que no resta nada al ego de nadie.

    Ahora, lo mejor el detalle de las Panama Jack. El de ir vestido de safari nada más salir de Europa pero, sobre todo, en algunos casos el mirar por encima, querer que todo encaje en lo que uno ya traía escrito en al cabeza o acetar la realidad a regañadientes. Todos podemos ser Panama Jack en cualquier momento -me acuerdo de ese hotelero indio que se quejaba de que los europeos era unos pijos y pensaban que su hotel estaban sucio, yo no me quedé porque estaba mugriento-, pero por lo menos, no hay que perder la capaz de empatía. Muy interesante, Miriam.

  5. En esto del periodismo, al igual que en la literatura… ¡¡¡Existirán tantos “negros” que malvivirán de sus escritos y permanceceran ajenos a la fama que les corresponde!!!.

    Hemingway escribía sus crónicas sobre la guerra civil española sin visitar ningún frente y prácticamente recibiendo toda la información en la barra del bar de su hotel. Pero el caso más curioso es el de John Reed quien, siendo corresponsal en México durante la revolución Mexicana, se hizo amigo de Pancho Villa y dicen las malas lenguas que llegó a informar a su periódico de la toma de una ciudad por Pancho Villa sin ser cierto y … claro su amigo Pancho no podía permitise que Reed quedara como un embustero y a los pocos días ocupó la ciudad para que la noticia fuera cierta.

  6. miriammarias

    Sí, David, muy difícil para todos quitarse las Panama Jack y superar ese tembleque que nos da cuando la realidad no se parece a lo que esperábamos, o tenemos que reconocer que no tenemos ni idea de algo que creemos conocer muy bien por lo que leemos en la prensa.
    Hola Chouan, gracias tus visitas a este sitio. Hemingway y Reed, idelizados por unos, y vilipendiados por otros. Creo que su adhesión a algunas de las causas que cubrieron tiene mucho que ver con este amor-odio que despiertan. Saludos.

  7. La verdad es que John Reed sí que estuvo comprometido con una causa política… incluso creo recordar que es el único norteamericano enterrado en el Kremblin y por supuesto sus obras son magníficas, tanto “Los Diez Días que Conmovieron al Mundo” como “Guerra en el Este” y creo que también esta muy bien su “Mexico Insurgente”, aunque este último no lo he leído pues no lo encuentro.

    En Cambio Hemingway no era tan comprometido… era más bien un vividor. De hecho hay quíen le situa próximo a la República durante la Guerra Civil Española, pero en cambio en los años cincuenta, bien compadreaba con el Régimen y sus epígonos.

    Salud y Amistad

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